lunes, 26 de septiembre de 2016

Receta: Tortas de jamón

Antes de empezar con nuestra primera receta quisiera hacer una declaración: no sé cocinar. Lo que yo sé es hacer de comer. Igual que no sé fotografiar; lo que yo sé es hacer fotos, es decir, enfocar y pulsar un botón. Así que lo que publique aquí estará rico (al menos para nosotras lo está) pero quizá ni su aspecto sea de anuncio ni las fotos saquen lo mejor de los platos. Dejando claro esto, voy a empezar. 

Pesque de momento no puede comer la mayoría de alimentos altos en carbohidratos que más se usan en la dieta paleo (patata, boniato, yuca) así que lo único que nos queda, aparte de la fruta, es el plátano macho. Hemos probado diferentes recetas de diferentes webs paleo (pan  y “churros”) y también he estado buscando recetas latinoamericanas (empanadillas). Y mezclando ideas de unos y otros me salieron estas tortas de jamón. 

Los ingredientes son: 

- Plátano macho verde  
- Jamón serrano (entre 25 y 50 gr. por plátano). Con menos quedan insípidos y con más nos resultó excesivo. 
- Especias (pimienta, orégano) 
- Aceite de oliva o de coco 

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Prokey, un refresco saludable

El artículo de hoy explica mi experiencia probando Prokey, un refresco probiótico a base de kéfir del que algunos de vosotros ya habréis leído. Pero antes de empezar a hablar de él daré un rodeo que considero necesario para explicar las circunstancias que rodean y de algún modo condicionan dicha prueba. 


 Vivimos tiempos en los que la gente paga por vivir experiencias extremas en primera persona, aunque a veces no hace falta pagar para vivirlas. Hace un mes y unos días viví desde dentro una cirugía mayor. Y por si la experiencia no me hubiera parecido lo suficientemente intensa la operación se desarrolló como un procedimiento de urgencia. Ingreso en urgencias, radiografía de tórax, electrocardiograma, monitorización, transfusión de sangre… Todo sucediéndose a velocidad de vértigo. Fue sorprendente ver cómo en el mes de vacaciones por excelencia y con los quirófanos cerrados la maquinaria hospitalaria se ponía en funcionamiento con tanta celeridad. 

lunes, 23 de noviembre de 2015

Del Síndrome de Fatiga Crónica al Pódium (III): El dolor

Cuando los pensamientos duelen 

Es posible rastrear en la memoria para encontrar rasgos de nuestra personalidad que ya aparecían en la más tierna infancia. Yo me recuerdo a mí misma pensando de manera consciente y preguntándome si el resto de personas también lo hacían. También recuerdo muchos días de juego interrumpido por un insistente y recurrente dolor de cabeza. Durante años, siendo todavía niña, fui examinada por diferentes neurólogos. Guardo recuerdos confusos de electroencefalogramas y resonancias magnéticas en la época en que los ruidosos aparatos de resonancia magnética eran algo raro y exótico. Una vez descartadas las más graves patologías que pudieran haber estado detrás del dolor la única cosa que podía hacer era acostumbrarme a algo que, por lo visto, iba a acompañarme siempre. Así que me acostumbré a vivir la vida con dolor. Había épocas en las que el dolor aparecía casi cada día y yo no podía o no quería paralizar mi vida por ello. Afortunadamente esas épocas se intercalaban con otras mejores pero lo cierto es que desde muy pequeña he sufrido dolores de cabeza que los médicos diagnosticaron como migraña.




Vivir con dolor no es una elección, simplemente es algo que sucede. Mi manera de llevarlo era, supongo, parecida a la manera en que millones de personas se enfrentan a esa dolencia. De vez en cuando tomaba analgésicos, algunos genéricos (AINEs) y otros específicos para la migraña, pero en otras ocasiones me resistía a tomar fármacos. No tomar pastillas contra el dolor no formaba parte de un plan de resistencia estoica, simplemente pasaba que en muchas ocasiones los analgésicos no hacían ningún efecto sobre el dolor de cabeza y además dañaban mi estómago. 

Aprendí a convivir con ese dolor cotidiano que se convirtió en el paisaje de fondo de mi vida que además a menudo se veía sobresaltada por múltiples afecciones respiratorias y digestivas. Todo ello aliñado con una anemia recurrente que, por lo visto, formaba parte de mi naturaleza. A parte de todo eso yo me consideraba una persona saludable que incluso hacía deporte. 

domingo, 28 de diciembre de 2014

Improvisación

2014 ha sido un año de orden. Aprendí a dormir lo suficiente, a comer bien y conseguí dotar de un mínimo de estructura a mis pensamientos. Ganó el cosmos y perdió el caos, un éxito global y una pérdida local. Entropía en retroceso a pesar de lo que digan la termodinámica y la inercia biográfica. 

365 días de dudas solventadas, de miedos enfrentados, de lesiones superadas… Y sin embargo, hoy no puedo evitar sentir que algo se perdió por el camino. La ordenada concentración mental trae consigo la anulación de esa otra parte, loca y dolorosamente incontrolable que antes llenaba casi todo mi pensamiento; la incertidumbre de la constante improvisación que puede convertir en mágico o terrible cada instante. ¿Es posible echar de menos algo que duele?

Los niños celíacos pueden ser irascibles, cabezotas e hiperactivos. Es habitual que cuando cambian su dieta y comienzan a comer sin gluten su carácter mejore. ¿Qué ocurre cuando el niño crece comiendo gluten? ¿Cómo afecta eso a las estructuras mentales? Hay una afectación, de eso no hay duda; tenemos imágenes de resonancias magnéticas que demuestran afectaciones neurológicas por el consumo de gluten. ¿Pero cómo se traduce eso en la vida de la gente normal? Es raro pasar la vida pensando que eres de una manera determinada, que tu mente funciona así, que tienes dificultades para unas cosas y facilidad para otras…, y descubrir un buen día que algunas de las cosas que creías sobre ti quizás no eran más que el reflejo pálido de tu propio yo modificado por la manera en que el gluten (y probablemente otras sustancias) han interactuado a lo largo de los años con las moléculas y células de tu cuerpo y tu cerebro. 



miércoles, 6 de agosto de 2014

Del Síndrome de Fatiga Crónica al Pódium (II): El despertar

Esta es la continuación de un artículo cuya primera parte se puede leer aquí. Inicialmente éste tenía que ser el segundo y último de una serie de dos artículos destinados a tratar el Síndrome de Fatiga Crónica pero diferentes motivos han acabado por convencerme de que este tema merecía más, de modo que a esta segunda parte le seguirán otras. 

En la primera parte me centré en mí para finalmente hablar del Síndrome de Fatiga Crónica en general. Ahora ha llegado el momento de hacer aquello que más respeto me causa, volver a mi historia personal, al cuándo, al cómo y al por qué enfermé, cuáles eran mis síntomas, qué hice, en qué me equivoqué y en qué acerté. 

Algunos enfermos recuerdan exactamente el día y casi el momento en el que los síntomas de la fatiga crónica aparecieron en su vida para quedarse. Yo creo que podría identificar varios momentos clave meses antes del diagnóstico pero faltarían muchas cosas si comenzara mi relato sólo con la fatiga crónica porque estoy convencida de que mis problemas comenzaron mucho antes, en realidad muchos años atrás.

viernes, 21 de marzo de 2014

Un café solo, pero solo de verdad

Hasta hace un par de años cuando iba a una cafetería a pedir un café sólo me guiaba por el gusto. En esta cafetería me gusta el café y en esta no. Solía coincidir que el café que menos me gustaba era el que más torrefacto tenía, mucho amargor y poco sabor, pero nada más. 

Cuando empecé con la dieta paleo, antes de pedir empecé a preguntar si el café que utilizaban era natural o mezcla con torrefacto. Al ir bajando la cantidad de azúcar que añadía al café el torrefacto se volvió directamente insoportable, además de que tomar azúcar tan quemado que está negro y amarga no es precisamente lo mejor para la salud. 

Esto es café, café

Lo malo es que cuando uno se empieza a encontrar bien el límite del daño que soporta estoicamente baja, y ha llegado un momento en que ni siquiera me sirve ya esa manera de elegir el café. 

Cuando vas a una cafetería, te aseguras de que el café es natural, le añades la menor cantidad posible de azúcar, te lo bebes y notas que el sabor es de aceptable a bueno pero, desde la hora siguiente hasta dos días después notas molestias en el estómago y el intestino, te preguntas qué llevaba el café que no era café.

Ahora ya sólo tomo café en casa y me he comprado un termo. 

lunes, 13 de enero de 2014

Del Síndrome de Fatiga Crónica al pódium (I): La caída

¿Por qué? 

Después de un año escribiendo sobre alimentación, gluten y dieta paleolítica siento que quizás ha llegado el momento de explicar el porqué de esta opción dietética. Los motivos que se me ocurren para hacer esta dieta en general son tantos que quizás no debería hacer falta explicar los míos y, sin embargo, creo que ahora ha llegado el momento de hacerlo. 

Dos diagnósticos han condicionado mi vida. Del primero, la celiaquía, he hablado mucho. Del segundo, el Síndrome de Fatiga Crónica, prácticamente nunca he escrito nada. Llegó el momento de hacerlo porque por fin me siento libre mental y físicamente para ello. La fatiga crónica, etiqueta arbitraria o gruesa soga que ahoga a aquellos a los que consigue atrapar, actuó en mí como catalizador para iniciar el camino de búsqueda del que este blog es un reflejo. 

En esta serie de artículos explicaré qué me llevó a modificar mi dieta en tanto que manera de comer, descansar y moverme; cómo fue el proceso de cambio, y finalmente, cuál es el fruto conseguido.