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lunes, 28 de octubre de 2013

Gluten oculto

Como norma general, cuando alguien sigue una dieta paleo considera que sigue una dieta sin gluten y eso no es del todo cierto. Algo que los celíacos y familiares de celíacos conocemos muy bien, y los practicantes de la paleodieta no, es que el gluten, como dios, está en todas partes. Y que evitarlo es bastante más difícil que eliminar el pan, la pasta o la harina de la alimentación diaria.

Desde que en casa seguimos la dieta paleo la compra nos resulta más sencilla porque ya no tenemos que buscar el gluten en la comida preparada. Simplemente la comida preparada prácticamente ha dejado de entrar en casa. Pero incluso entre los productos más o menos “vírgenes” que compramos se nos puede colar esa insidiosa molécula. Ayer mismo unos mejillones cocidos congelados cuyo único ingrediente era mejillones provocaron en Pesque una reacción inmediata de hinchazón abdominal, dolor en el tubo digestivo que se irradia hacia la espalda, dolor difuso en las axilas y cara interna de los brazos y otra no tan inmediata consistente en sueño poco reparador, dolor de cabeza, embotamiento mental y contracturas musculares. Casi seguro había gluten.



En mi círculo más cercano mi casa es la única en la que se come paleo pero, hablando con otra gente, me da la impresión de que si acudiese a otra casa en que se comiese paleo e investigase cada uno de los platos que me ofrecen tal y como hago en casa de mis amigos no paleo se molestarían porque se supone que paleo es sin gluten.

  • ¿De qué marca es este té?
  • ¿Qué especias lleva este plato? ¿De qué fabricante?
  • ¿Compras las almendras a granel? Qué bien pero no son seguras, gracias.

Las dichosas trazas. Algo de lo que un no-celiaco no se tiene que preocupar ya que una cantidad tan pequeña de gluten no le hace ningún efecto.

En España aún no hay, que yo sepa, ningún restaurante paleo pero espero que, el día que lo haya, se preocupe por ese enorme nicho de clientes que le espera, los celiacos; un nicho de clientela mucho más amplio actualmente que los seguidores de la dieta paleo y que buscan, además de calidad, seguridad en lo que comen.


domingo, 21 de abril de 2013

Comiendo comida procesada


Cuando leo libros, artículos o cualquier web con información sobre dietas de tipo paleo, primal o evolutivas, en todas en un momento u otro se recalca que hay que huir de los alimentos procesados, pero la realidad es que es más difícil decirlo que hacerlo.


Las principales dificultades que yo he encontrado para evitarlos son:

- Los productos frescos se conservan menos días y hay que ir a comprar muy a menudo.

- No siempre tengo tiempo para cocinar alimentos partiendo de cero, sobre todo por las mañanas.

- Con frecuencia he salir de viaje fuera de mi ciudad y tengo que transportar alimentos que se conserven bien.

Así que no he podido dejar de usarlos. Reconozco que facilitan la vida y no tienen por qué estropear la salud. El secreto está en buscar mucho, leer montones de listados de ingredientes y elegir bien.

He elaborado una lista de los productos procesados que suelo utilizar. En todos los casos son productos etiquetados “sin gluten” así que según la normativa actual con toda seguridad tienen menos de 20ppm de gluten pero además busco que siempre sean productos cuyos ingredientes sean naturalmente sin gluten así que la probabilidad de que su contenido en gluten sea cero es alta.

En algunos de ellos, los que más me ha costado encontrar, he añadido el nombre de la marca que se adapta a mi versión de la dieta paleo. No me guía ningún interés económico ni de ningún otro tipo a la hora de nombrar unas marcas sí y otras no. Mi único filtro es que son las que he logrado encontrar en las tiendas más cercanas a mi casa.

jueves, 28 de marzo de 2013

La paranoia de los que nos creen paranoicos


Este post nace como respuesta un tanto visceral, lo reconozco, a la entrada publicada hace un par de días en el blog de El Comidista en El País

El artículo en cuestión lleva por título “La paranoia anti gluten”, título con el que me siento aludida pues no en vano he sido tachada en numerosas ocasiones de paranoica por el camarero al que he osado preguntar, por ejemplo, si la paella que me ofrecía contenía colorante alimentario (los colorantes suelen contener gluten). También me han llamado paranoica unos amigos por negarme a comerme una rica tortilla de patata casera a la que, para enriquecerla, le habían añadido un poquito de levadura Royal. Básicamente soy paranoica porque cuando me diagnosticaron de celiaquía después de 30 años enferma decidí que no volvería a tomar gluten nunca más. Y aun así lo he tomado porque en varias ocasiones ha sucedido que alguien decide que lo mío es una paranoia y que no importa si me miente un poco y me da algo con gluten. Aunque no os lo creáis hay personas muy curiosas a las que les da por darle gluten al celíaco paranoico a ver qué pasa.

martes, 15 de enero de 2013

Sin gluten y sin celiaquía

No tengo celiaquía y hasta hace unos seis o siete años sólo había oído hablar del gluten de refilón pero diferentes casualidades primero y la seguridad de estar haciendo lo mejor para mi salud después han hecho que haga más de tres años que no lo consuma.

Cuando comencé a convivir con una persona celíaca decidimos que lo más lógico, saludable, normal, era hacer dos comidas, una con y otra sin gluten, cada vez que hubiese pasta, pizza o lasaña. La experiencia nos enseñó que equivocarse es más sencillo de lo que parece y decidimos que yo comiese todo sin gluten a excepción de mi pan y algún dulce para el desayuno, ambos siempre bien encerrados en su armario. El tiempo y la vagancia hicieron que poco a poco fuese dejando de comprar pan y comenzar a tomar las tortas de arroz y maíz que hasta hacía bien poco me habían parecido insulsas.

Mi vida era cómoda así. No tomaba gluten en casa y apenas cuando salía. Hasta el día en que, casi un año después, disfruté de dos rebanadas enormes de pan con jamón serrano en casa de un familiar y me pasé los siguientes tres días con molestias estomacales. Pensé en cualquier otra cosa que me hubiese podido sentar mal pero no había nada, ninguno de los sospechosos habituales para una indigestión o intoxicación como marisco o conservas, así que sólo quedaba el gluten.