Esta es la continuación de un artículo cuya primera parte se puede leer aquí. Inicialmente éste tenía que ser el segundo y último de una serie de dos artículos destinados a tratar el Síndrome de Fatiga Crónica pero diferentes motivos han acabado por convencerme de que este tema merecía más, de modo que a esta segunda parte le seguirán otras.
En la primera parte me centré en mí para finalmente hablar del Síndrome de Fatiga Crónica en general. Ahora ha llegado el momento de hacer aquello que más respeto me causa, volver a mi historia personal, al cuándo, al cómo y al por qué enfermé, cuáles eran mis síntomas, qué hice, en qué me equivoqué y en qué acerté.
Algunos enfermos recuerdan exactamente el día y casi el momento en el que los síntomas de la fatiga crónica aparecieron en su vida para quedarse. Yo creo que podría identificar varios momentos clave meses antes del diagnóstico pero faltarían muchas cosas si comenzara mi relato sólo con la fatiga crónica porque estoy convencida de que mis problemas comenzaron mucho antes, en realidad muchos años atrás.
miércoles, 6 de agosto de 2014
viernes, 21 de marzo de 2014
Un café solo, pero solo de verdad
Hasta hace un par de años cuando iba a una cafetería a pedir un café sólo me guiaba por el gusto. En esta cafetería me gusta el café y en esta no. Solía coincidir que el café que menos me gustaba era el que más torrefacto tenía, mucho amargor y poco sabor, pero nada más.
Cuando empecé con la dieta paleo, antes de pedir empecé a preguntar si el café que utilizaban era natural o mezcla con torrefacto. Al ir bajando la cantidad de azúcar que añadía al café el torrefacto se volvió directamente insoportable, además de que tomar azúcar tan quemado que está negro y amarga no es precisamente lo mejor para la salud.
Lo malo es que cuando uno se empieza a encontrar bien el límite del daño que soporta estoicamente baja, y ha llegado un momento en que ni siquiera me sirve ya esa manera de elegir el café.
Cuando vas a una cafetería, te aseguras de que el café es natural, le añades la menor cantidad posible de azúcar, te lo bebes y notas que el sabor es de aceptable a bueno pero, desde la hora siguiente hasta dos días después notas molestias en el estómago y el intestino, te preguntas qué llevaba el café que no era café.
Ahora ya sólo tomo café en casa y me he comprado un termo.
Cuando empecé con la dieta paleo, antes de pedir empecé a preguntar si el café que utilizaban era natural o mezcla con torrefacto. Al ir bajando la cantidad de azúcar que añadía al café el torrefacto se volvió directamente insoportable, además de que tomar azúcar tan quemado que está negro y amarga no es precisamente lo mejor para la salud.
| Esto es café, café |
Lo malo es que cuando uno se empieza a encontrar bien el límite del daño que soporta estoicamente baja, y ha llegado un momento en que ni siquiera me sirve ya esa manera de elegir el café.
Cuando vas a una cafetería, te aseguras de que el café es natural, le añades la menor cantidad posible de azúcar, te lo bebes y notas que el sabor es de aceptable a bueno pero, desde la hora siguiente hasta dos días después notas molestias en el estómago y el intestino, te preguntas qué llevaba el café que no era café.
Ahora ya sólo tomo café en casa y me he comprado un termo.
lunes, 13 de enero de 2014
Del Síndrome de Fatiga Crónica al pódium (I): La caída
¿Por qué?
Después de un año escribiendo sobre alimentación, gluten y dieta paleolítica siento que quizás ha llegado el momento de explicar el porqué de esta opción dietética. Los motivos que se me ocurren para hacer esta dieta en general son tantos que quizás no debería hacer falta explicar los míos y, sin embargo, creo que ahora ha llegado el momento de hacerlo.
Dos diagnósticos han condicionado mi vida. Del primero, la celiaquía, he hablado mucho. Del segundo, el Síndrome de Fatiga Crónica, prácticamente nunca he escrito nada. Llegó el momento de hacerlo porque por fin me siento libre mental y físicamente para ello. La fatiga crónica, etiqueta arbitraria o gruesa soga que ahoga a aquellos a los que consigue atrapar, actuó en mí como catalizador para iniciar el camino de búsqueda del que este blog es un reflejo.
En esta serie de artículos explicaré qué me llevó a modificar mi dieta en tanto que manera de comer, descansar y moverme; cómo fue el proceso de cambio, y finalmente, cuál es el fruto conseguido.
Después de un año escribiendo sobre alimentación, gluten y dieta paleolítica siento que quizás ha llegado el momento de explicar el porqué de esta opción dietética. Los motivos que se me ocurren para hacer esta dieta en general son tantos que quizás no debería hacer falta explicar los míos y, sin embargo, creo que ahora ha llegado el momento de hacerlo.
Dos diagnósticos han condicionado mi vida. Del primero, la celiaquía, he hablado mucho. Del segundo, el Síndrome de Fatiga Crónica, prácticamente nunca he escrito nada. Llegó el momento de hacerlo porque por fin me siento libre mental y físicamente para ello. La fatiga crónica, etiqueta arbitraria o gruesa soga que ahoga a aquellos a los que consigue atrapar, actuó en mí como catalizador para iniciar el camino de búsqueda del que este blog es un reflejo.
En esta serie de artículos explicaré qué me llevó a modificar mi dieta en tanto que manera de comer, descansar y moverme; cómo fue el proceso de cambio, y finalmente, cuál es el fruto conseguido.
lunes, 16 de diciembre de 2013
He pecado
Ya sé que seguir una dieta, y menos la paleodieta, no es una religión pero en ocasiones lo siento así: pecadora. Debe ser reminiscencias de mi educación católica. ¿Y cuándo ocurre? No el sábado pasado, cuando me comí una rebanada de pan con los aperitivos en la celebración del cumpleaños de mi suegro, ni tampoco en Semana Santa, cuando me comí una torrija hecha por mi madre, ni siquiera cuando compré un paquete de galletas con chocolate negro y sin gluten porque estaban de oferta (las guardo para Navidad). No me siento culpable cuando decido comer algo de fuera de la dieta precisamente porque es una decisión. Decido el qué, el cuánto y el cuándo. ¿Entonces?
lunes, 9 de diciembre de 2013
Comer para adelgazar
Hace unos días encontré por la red un meme de humor que me resultó bastante interesante.
![]() |
| A los dietistas-nutricioneistas les encanta |
En él, se parte de la pirámide nutricional clásica para dividirla en dos: el trapecio de la pérdida de peso (lácteos, huevos, carne, pescado, fruta y verdura) y el sombrero de papel de la felicidad (dulces, pan, pasta, refrescos, helados…). Los comentarios al meme que encontré eran del tipo “ñam, sombrero de papel…”, “ahora lo entiendo todo” o incluso “eso se lo han inventado las industrias de los lácteos y la carne”.
lunes, 28 de octubre de 2013
Gluten oculto
Como norma general,
cuando alguien sigue una dieta paleo considera que sigue una dieta sin gluten y
eso no es del todo cierto. Algo que los celíacos y familiares de celíacos
conocemos muy bien, y los practicantes de la paleodieta
no, es que el gluten, como dios, está en todas partes. Y que evitarlo es
bastante más difícil que eliminar el pan, la pasta o la harina de la
alimentación diaria.
Desde que en casa
seguimos la dieta paleo la compra nos resulta más sencilla porque ya no tenemos
que buscar el gluten en la comida preparada. Simplemente la comida preparada
prácticamente ha dejado de entrar en casa. Pero incluso entre los productos más
o menos “vírgenes” que compramos se nos puede colar esa insidiosa molécula. Ayer
mismo unos mejillones cocidos congelados cuyo único ingrediente era mejillones
provocaron en Pesque una reacción inmediata de hinchazón abdominal, dolor en el
tubo digestivo que se irradia hacia la espalda, dolor difuso en las axilas y
cara interna de los brazos y otra no tan inmediata consistente en sueño poco
reparador, dolor de cabeza, embotamiento mental y contracturas musculares. Casi
seguro había gluten.
En mi círculo más cercano mi casa es la única en la que se come paleo pero, hablando con otra gente, me da la impresión de que si acudiese a otra casa en que se comiese paleo e investigase cada uno de los platos que me ofrecen tal y como hago en casa de mis amigos no paleo se molestarían porque se supone que paleo es sin gluten.
En mi círculo más cercano mi casa es la única en la que se come paleo pero, hablando con otra gente, me da la impresión de que si acudiese a otra casa en que se comiese paleo e investigase cada uno de los platos que me ofrecen tal y como hago en casa de mis amigos no paleo se molestarían porque se supone que paleo es sin gluten.
- ¿De qué marca es este té?
- ¿Qué especias lleva este plato? ¿De qué fabricante?
- ¿Compras las almendras a granel? Qué bien pero no son seguras, gracias.
Las dichosas trazas. Algo
de lo que un no-celiaco no se tiene que preocupar ya que una cantidad tan
pequeña de gluten no le hace ningún efecto.
En España aún no hay, que
yo sepa, ningún restaurante paleo pero espero que, el día que lo haya, se
preocupe por ese enorme nicho de clientes que le espera, los celiacos; un nicho
de clientela mucho más amplio actualmente que los seguidores de la dieta paleo
y que buscan, además de calidad, seguridad en lo que comen.
domingo, 30 de junio de 2013
Sólo una hipótesis
En el año que hace que
hago dieta paleo me la he saltado menos de diez veces y, aunque yo no soy
celíaca, casi siempre he elegido hacerlo con legumbres o cereales sin gluten.
Sólo tres veces he tomado productos con gluten, dos de ellas con nefastas
consecuencias pero una no tanto. Y, como siempre, me pregunto el porqué de esa
diferencia.
La primera vez que tomé
gluten fue la pasada Semana Santa. No pude resistirme y me comí una torrija
casera hecha por mi madre. Consecuencia: la peor migraña que he tenido en años.
Las otras dos veces han
sido este último par de semanas y por eso las puedo comparar bien. En este caso
las consecuencias han sido solamente digestivas, o al menos es lo que yo he
notado.
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